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UN PERRO DE ANDALUZ

Por Lvzbel | October 27, 2008

Bueno como en Arkanuz queremos poner nuetro granito de arena en la “culturización” de este país, aqui les traigo esto que se llama “Un perro de Andaluz” de Luis Buñuel.

Luis Buñuel nació en Calanda el 22 de febrero de 1900. Su padre, Leonardo Buñuel González, originario del mismo pueblo, donde tenía un negocio de ferretería, había consiguido una pequeña fortuna en Cuba y tras la guerra de independencia liquidó sus negocios y volvió a su pueblo natal, donde se casó con María Portolés Cerezuela, mucho más joven que él, con la que tuvo siete hijos: Luis (1900), María (1901), Alicia (1902), Concepción (1904), Leonardo (1907), Margarita (1912) y Alfonso (1915). A los cuatro meses del nacimiento de su primogénito, la familia se traslada a vivir a Zaragoza y a partir de entonces repartiría sus vacaciones entre Calanda (donde regresaban en Semana Santa) y San Sebastián.
A los 17 años, terminado el bachillerato, parte a Madrid para cursar estudios universitarios. En la capital se aloja en la recién creada Residencia de Estudiantes, fundada por la Institución Libre de Enseñanza, donde permanecería siete años. Su propósito de estudiar, inducido por su padre, Ingeniería Agrónoma. En esta época se hace naturista y lleva una alimentación y vestimenta espartanas, gustando de lavarse con agua helada. Toma parte de las actividades del cine-club de la Residencia y traba amistad con, entre otros, Salvador Dalí, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Pepín Bello y Juan Ramón Jiménez. También participó en las tertulias ultraístas y, todos los sábados desde 1918 hasta 1924, en las del Café Pombo, dirigidas por Ramón Gómez de la Serna.

En 1920 inicia, con el doctor Ignacio Bolívar, estudios de entomología, que abandonará para matricularse en Filosofía y Letras, rama de Historia, ya que se había informado de que varios países ofrecían trabajo como lector de español a licenciados en Filosofía y Letras viendo así una oportunidad de cumplir su deseo de salir de España. Con sus compañeros de la Residencia hace sus primeros ensayos de puesta en escena, con versiones delirantes del Don Juan Tenorio en las que actuaban Lorca, Dalí y otros compañeros.
En enero de 1925, después de asistir a la conferencia que da Louis Aragon en la Residencia de Estudiantes, Buñuel abandona Madrid rumbo a París. En la capital francesa asiste a las tertulias de los inmigrantes españoles y se acerca cada vez más al grupo surrealista. Su afición por el cine se intensifica, viendo habitualmente tres películas al día, una por la mañana (generalmente proyecciones privadas, gracias a un pase de prensa), otra por la tarde en un cine de barrio y otra por la noche. También comenzó a colaborar como crítico en varias publicaciones de cine y arte, como Cahiers d’Art, Alfar, L’Amic de les Arts, Helix, Horizonte y La Gaceta Literaria. En ellas dejará constancia de sus concepciones cinematográficas, algo en lo que no se prodigará en lo sucesivo.

El pianista Ricardo Viñes le propone la dirección escénica de El retablo de Maese Pedro de Manuel de Falla, que, estrenada en Ámsterdam el 26 de abril de 1926, y representada también ald ía siguiente, supuso un importante éxito. Esta experiencia le llevó a escribir una pieza de teatro de cámara de vanguardia titulada Hamlet en 1927, que fue estrenada en el Café Sélect de París.

Su conversión total al cine se produjo tras ver la película Las tres luces (Der müde Tod) de Fritz Lang. Varias semanas después se presentó en un rodaje al conocido director de cine francés Jean Epstein y se ofreció a trabajar en cualquier labor a cambio de aprender todo lo que pudiera acerca del cine y Epstein acabó permitiéndole desempeñar el cargo de ayudante de dirección en el rodaje de sus película mudas Mauprat y La caída de la casa Usher (La chute de la maison Usher), de 1928.

También en estos años colaboró como actor en pequeños papeles, como el de contrabandista en la película Carmen, de los estudios Albatros, con Raquel Meller, y en La Sirène des Tropiques con Josephine Baker. Todo este bagaje le familiarizó con el oficio cinematográfico y le permitió conocer a buenos profesionales y actores que después habrían de colaborar con él en Un perro andaluz y La edad de oro, sus dos primeras películas. Como crítico, elogia el cine de Buster Keaton y ataca por considerarla pretenciosa la vanguardia cinematográfica francesa, en cuyas filas militaba el propio Jean Epstein. Es conocida su ruptura con éste al negarse el aragonés a trabajar en el nuevo proyecto del más reputado de los directores vanguardistas franceses, Abel Gance.
En 1928 prepara un guión cinematográfico sobre Francisco de Goya con motivo del centenario de su fallecimiento, patrocinado por una comisión zaragozana. El proyecto no llegó a buen término por falta de presupuesto, como tampoco otro basado en un guión de Ramón Gómez de la Serna que iba a titularse El mundo por diez céntimos, en el que el hilo conductor iban a ser los sucesivos cambios de dueño de una moneda. Este mismo año se adhiere al grupo surrealista de París. En colaboración con Ramón Gómez de la Serna termina el guión de Caprichos, que nunca se llega a rodar. Colabora en el número especial de la gaceta literaria Cinema 1928.
Para enero de 1929, Buñuel y Dalí, en estrecha colaboración, ultiman el guión de un film cuyo proyecto se titularía sucesivamente El marista en la ballesta, Es peligroso asomarse al interior y, por fin, Un perro andaluz. La película se comienza a rodar el 2 de abril con un presupuesto de veinticinco mil pesetas aportadas por la madre de Buñuel y se estrena el 6 de julio en el Studio des Ursulines, un cine-club parisino, en el que alcanza un clamoroso éxito entre la intelectualidad francesa, permaneciendo en exhibición nueve meses consecutivos en el Studio 28.

A partir de la proyección de Un perro andaluz, Buñuel es admitido de lleno en el grupo surrealista, que se reúne diariamente en el Café Cyrano para leer artículos, discutir sobre política y escribrir cartas y manifiestos. Allí, Buñuel forja amistad con Max Ernst, André Bretón, Paul Éluard, Tristan Tzara, Yves Tanguy, Magritte y Louis Aragon, entre otros.
A fines de 1929 se vuelve a reunir con Dalí para escribir el guión de lo que sería más tarde La edad de oro, pero la colaboración ya no resulta tan fructífera, pues entre los dos se interpone el gran amor de Dalí, Gala Eluard. Buñuel comienza el rodaje de la película en abril de 1930, cuando el pintor se encuentra disfrutando de unas vacaciones con Gala en Torremolinos. Cuando descubre que Buñuel ya ha acabado la película, con el sustancioso mecenazgo de los Vizcondes de Noailles, que deseaban producir una de las primeras películas sonoras del cine francés, Dalí se siente marginado del proyecto y traicionado por su amigo, lo que originaría un distanciamiento entre ellos que se iría incrementando en el futuro. A pesar de aquello, felicitó a Buñuel por el largometraje, asegurando que le había parecido “una película americana”. El estreno tuvo lugar el 28 de noviembre de 1930. Cinco días más tarde grupos de extrema derecha atacaron el cine donde se proyectaba y las autoridades francesas acabaron prohibiendo la película y requisaron todas las copias existentes, comenzando una larga censura que duraría medio siglo, pues por ejemplo no sería distribuída hasta 1980 en Nueva York y un año después en París.

Un perro andaluz es un cortometraje de 17 minutos, mudo (en 1960 se incorporaron los motivos de Tristán e Isolda de Richard Wagner y un tango), escrito, producido, dirigido e interpretado por Luis Buñuel en 1929 con la colaboración en el guión de Salvador Dalí.

El rodaje duró 15 días. Según refiere Buñuel a De la Colina y Pérez Turrent, Un perro andaluz nació de la confluencia de dos sueños. Dalí le contó que soñó con hormigas que pululaban en sus manos y Buñuel a su vez cómo una navaja seccionaba el ojo de alguien.[1]

Un perro andaluz está considerada la película más significativa del cine surrealista. Transgrediendo los esquemas narrativos canónicos, la película pretende provocar un impacto moral en el espectador a través de la agresividad de la imagen. Remite constantemente al delirio y al sueño, tanto en las imágenes producidas como en el uso de un tiempo no cronológico de las secuencias.


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