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El humor en la ciencia: Parte I
Por Dr. Yofo | September 1, 2008
Para muchos la ciencia puede ser algo súmamente aburrido y, en algunos casos, son solo debr
ayes de un montón de sujetos que intentan justificar el mundo a través de algo que ellos mismo inventaron (las matemáticas). Aunque esto no es completamente erroneo, existe otra cara de la ciencia que muchos desconocen, la divertida y humorÃstica.
Contrario a lo que muchos puedan creer, los cientÃficos son personas con mucho humor y pueden ser muy divertidos, algo que parece contradictorio con el papel tan serio y formal con el que algunos profesores nos enseñan estas materias.
Viajemos imaginariamente a Siracusa en el siglo III a. C., una ciudad griega gobernada por el rey Herón. En este lugar vive uno de los cientÃficos mas reconocidos por la ciencia (de hecho, es considerado el primer ingeniero militar de la historia y yo diria el padre de los frikis), su nombre es ArquÃmedes. Este filósofo era la viva imagen del cientifico loco que tenemos actualmente, edad avanzada, algo encorvado, siempre distraido y si en aquella época existieran los lentes de seguro los habria usado. A pesar de esta apariencia, era uno de los hombres más temidos por el Imperio Romano que en aquella época deseaba extender sus dominios por aquellos lares (es decir, todo el mundo conocido por ellos). La razón del temor que sentian por él no era infundada pues se decia que por petición del rey Herón se encargó de defender su ciudad de la invasión, reteniéndola por varios años. Entre los artefactos que inventó para esta encomienda se encontraba un ingenioso sistema de poleas atados a unas cuñas (estacas, palos, etc) que al ser accionados eran capaces de voltear las naves de los romanos que se acercaban a las costas de este reino. Otro mito muy mencionado (y de hecho demostrado en 1940 por otro ingeniero pero que en discovery chanel no pudieron repetir) es el de un sistema de espejos cóncavos que utilizaban la luz solar para incendiar las velas de los barcos romanos al concentrar la luz en un solo punto de la misma. Existieron más inventos de ArquÃmedes que hicieron temblar a los romanos a tal grado que solo bastaba con gritar “ahà viene ArquÃmedes” para que los soldados romanos dieran media vuelta en retirada. Como todo gran friki (em, cientÃfico) era tan distraÃdo que alguna ves se cayó en un poso al ir viendo las estrellas.
Muchos hemos oido de las leyes de Newton (1642-1727) y del gran genio de este fÃsico-matemático, lo que no todos saben es que su genialidad lo llevó a un puesto en el parlamento británico en 1689, pensando que una gran cesera como la de él podria hacer mucho por la comunidad. Pues durante los años que asistió a este cargo no mencionaba palabra alguna, solo permanecia inerte, como pensando en algo. Uno de esos dÃas levantó la mano, el silencio se hizo en la sala, la gran mente del siglo XVII hiba a decir algo… -¿podrian cerrar la ventana porfavor?, hay mucha corriente- fueron las palabras que pronunció.
Los hombres de ciencia sulen tener problemas de comunicación con el mundo exterior, recordemos que en su mundo las cosas deben ser concretas, sin posibilidad malas interpretaciones. Johann Peter Gustav Lejeune Dirichlet eran un matemático de mediados de 1800, entre su legado está un amplio trabajo en teoria de números. A pesar de su genialidad tenia serios problemas de comunicación, era poco aficionado a escribir cartas o misivas. Una de los pocos telegramas que envió fué a sus suegros para informarles del nacimineto de su primer hijo, el mensaje era el siguiente: 2+1=3.
En general los matemáticos (y los fÃsicos) son personas muy distraidas pues se encuentran absortas en un mundo muy complicado para la mayoria de la gente, pero muy simple en términos de las reglas que deben seguir. Aquà tenemos a Ludwig Wittgenstein, un filósofo-matemático (en cierto sentido todo biólogo es quÃmico, todo quÃmico es fÃsico, todo fÃsico es matemático y todo matemático es filósofo) muy importante del cual podemos encontrar páginas de culto a él en la internet (solo busca su nombre en San Google y verás). Cuenta la historia que un dia se encontraba en un andén (de trenes obviamente) platicando amenamente con una colega, tan absortos se encontraban en la charla que sin darse cuenta el tren partió por lo que Wittgenstein y su colega corrieron a todas prisas para alcanzarlo, sin embargo solo Ludwig logró hacerlo y se despidió de su compañera a lo que ella miraba perpleja como se alejaba. Al ver la cara de desconzuelo de la dama un peón del lugar se acercó a ella y le dijo, no se preocupe, en una hora llegará otro tren, a lo que ella repondió - Es que usted no comprende… El venÃa a despedirme. o_o
